Generalizar es de gilipollas

Ya, sé que lo sabías igual que sé que lo haces.

Todos lo hacemos de vez en cuando a pesar de saber, en un pequeño y oscuro rincón de tu oscuro ser al cual no llega el ego, que no tenemos razón ni la vamos a tener nunca siguiendo esa vía. Pero dejemos a Rust Cohle la metafísica del ser humano y hablemos de editoriales:

Frida Ediciones.

Uno de los gigantes del boom de la poesía (o la ola, porque acabará pasando y poco quedará después), víctima de un acoso mediático merecido y no. Merecido por ciertos puntos como primar la posibilidad de venta a la calidad, proyección o la trayectoria (tema a debatir largo y tendido, ya que ni todos los títulos son malos –y quién dice qué lo es-, amateurs o superventas, y que -no olvidemos-, dejando de lado el romanticismo literario, una editorial es una empresa y necesita sacar tajada para pagar a los trabajadores y autores, practica poco común en el mundo editorial, pero es otra historia), pero mayormente no merecido por la ignorancia de la mayoría de los críticos literarios de pastel que surgen en las redes sociales (ya sabes, dale a un mono una cuenta de twitter y acabará siendo crítico de cine, política, literatura, o de cualquier cosa a la orden del día) y se apuntan al linchamiento como si no hubiera mañana (Manel Navarro, si algún día me lees, que sepas que no estoy de acuerdo, en absoluto, con ese linchamiento tampoco, pero sé que hasta tú te has echado unas risas con los montajes ¿Verdad? By the way, el look surfero y la canción rollo One Direction era una cagada de proyecto. Sigue con el tema que hiciste en el Late Motiv. Ahí sí).

Comentemos un caso de orgullo, ignorancia, y, probablemente, frustración causada por alguna inseguridad o fracaso relacionado. He decidido borrar el @ porque, como ya he dicho, estoy en contra de linchar (menos a quien se lo merece. Este no es el caso):

El tema parte de un hilo cojonudo referente a la publicación de Luna Miguel en PlayGround sobre el machismo escondido tras algunas portadas de libros (muy recomendado, por cierto), con el cual estaba totalmente de acuerdo hasta que:

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Empezamos con las gilipolleces y perdemos cualquier razón o atisbo de criterio cuando generalizamos (es como acabar recurriendo a los nazis en una discusión, que siempre es perder a no ser que discutas sobre ello, precisamente). Y más cuando saltamos de las portadas (muchas ni son decisión del autor) y su mensaje oculto (el cual, aunque no lo justifique para nada, puede que el autor ni sea capaz de valorar -tenemos mucho camino por delante en la carrera de la conciencia-) a que una piedra escribe mejor que los que publican en esa editorial (habría que preguntarle si él es una piedra o está por encima de la geología).

Así, sin pan ni nada.

A la yugular. Todos.

De aquí sacamos que este erudito, en su vasta sed de literatura y justicia, se ha leído un catálogo de cincuenta y ocho libros (publicados en menos de tres años), y no le ha gustado ninguno, ni los infantiles, ni los de cuentos, ni el ensayo sobre las víctimas del franquismo, ni las novelas, para poder llegar a esa conclusión tan dura y decidir plasmarla en internet. Pero no estaba tan caliente por entonces para responder con esto, y los 140 caracteres me cortaban el paso, así que decidí recurrir (por muy poco que me guste hacerlo) a los premios literarios:

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Para justificar la respuesta:

  • Una interpretación (Premio Adonáis2000, Rialp, 2001).
  • Delta (accésit del XV [Premio Jaime Gil deBiedma, Visor, 2004).
  • El jersey rojo (XVIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe de Creación Joven, Visor, 2006).
  • El precio de una cena en Chez Mourice (II Certamen de Poesía Vicente Presa, Algaida, 2007.
  • Las Ollerías, XXIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, Visor, 2011.
  • Vida y leyenda del jinete eléctrico, XXIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, Visor, 2013.

Esto sólo en poesía (en novelas tiene un par más), y sólo Joaquin (a Felipe Bénitez Reyes le investigáis vosotros, pero otro que tal baila).

Sigo tratando de hacerle ver que mi único puto problema es la generalización. Que soy el primero en saber que Frida tiene patinazos. Responde que no se refiere a ellos. Ok.

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En serio, sólo buscaba un “bueno, quizá no todos, pero la mayoría“. Nada más, si estamos de acuerdo. Sólo reconocer que has generalizado, y que no conocías a estos autores, ni que habían publicado en Frida. No te pido que aceptes que sólo conoces Frida por Defreds, las portadas que aparecen en el artículo de Luna y lo que lees por twitter. Pero no. Te pones nervioso, te haces la picha un lío y ya no sabes por dónde salir, de hecho hasta parece que ni has enlazado que te mencioné a Joaquin porque, ojo al momento, ¡Publicó en la misma editorial! No te esperabas ese inesperado giro de los acontecimientos (¿Cómo alguien con un premio iba a publicar en la editorial que estabas criticando sin tener ni idea? ¡Imposible!) , o no los habías aceptado todavía, no lo tengo claro, pero, de repente, antes de lanzar una estocada con un sacacorchos oxidado, vuelves a generalizar con Frida y la poesía. a pesar de ya haber “perdonado” a dos de sus autores sólo porque otro autor de la misma editorial te dice que están premiados (muy coherente todo).

Volvemos a la estocada fallida: La industria cultural veo que te ha calado bien.

Supongo. Estoy dentro de ella. Pero estoy defendiendo la apertura de mentes, el no cerrarse a prejuicios, si yo estoy condicionado por una industria, tú lo estás por una panda de avatares frustrados. Dale una vuelta a eso después.

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Vale, Pablo la caga metiendo nombres, comparando. Mea culpa. Aunque puede que sólo hablase de temática y contenido. Nunca lo sabremos con certeza.

Nada, que no me vas a aceptar que generalizar es un error.

Oh, espera, no sólo eso, sino que, además, como guinda encima de la tarta: Todos hablan de lo mismo y mal.

Da lo mismo el estilo literario, el autor, o el libro dentro de la obra del autor:

Todos hablan de lo mismo.

Y mal.

Azaustre con su poema sobre Constantine (pedazo de comic, serie cancelada y peli, por cierto), Rodolfo y Daniel Serrano en su ensayo sobre España en la época del franquismo y Defreds con su texto hecho con canciones de Pereza, hablan sobre lo mismo. Ok. Y mal.

Llegado a este punto, no me responde más. Quizá me pasé con lo del ridículo ¿Le habré hecho daño? Voy a investigar.

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Ay, pillín, que has querido seguir jugando solo en el patio de atrás.

En primer lugar, nadie echa flores por ello, sólo soy un autor en ese sistema (y no es mi única editorial tampoco), sólo te expongo un punto de vista que desconocías y que, quizás, te podía hacer recapacitar sobre aquello de que una piedra escribe mejor que cualquiera que firme con Frida Ediciones. 

Sobre aquello de que generalizar es de gilipollas, vamos.

Segunda lectura. Espera ¿Posteriormente? ¿Desligarse? ¿De verdad ni siquiera ha comprobado que los datos que te he expuesto eran ciertos? ¿De verdad piensa que han ganado esos premios con libros posteriores a esos (publicados hace un año)? O sea, te admito que la idea mola, el rollo Calle 13 de hacerse famoso por lo comercial y petarlo después con el mensaje, pero nada más lejos de la verdad.

Si Joaquin o Felipe acabaron en Frida es por el motor de difusión que tienen, por probar una línea de trabajo distinta a Visor, distinta al formato literario establecido que huele a rancio, por el pacto económico (hasta hace poco, las editoriales no pagaban a sus autores. Y hasta no hace tan poco, échale un ojo al escándalo Lapsus Calami que se destapó el año pasado) de finiquitar derechos cada cuatro meses en lugar de cada año (única forma de hacer medio viable vivir de la literatura), y otras cosas más.

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Inventarse palabras mola, no te preocupes. No seré yo quien te quite una libertad.

Pero no, no entiendo una mierda lo que quieres decir. Ni siquiera sabes de qué o quién hablo, ni te has molestado en contrastarlo ni en hacer deberes de última hora.

Seguimos. Claro, eres el típico personaje de cine que se lee los libros enteros en una librería sin comprárselos. Además los que no te gustan. Pero, dejando de lado eso: BIEN. Estamos de acuerdo en algo. A mí tampoco me gusta monetizar todo a lo bestia. Ok. Esto toma buen rumbo.

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Pues no.

Volvemos al tema generalizar, y volvemos a rodear para evitar agachar la cabeza o hincar un poco la rodilla.

Hemos pasado de una editorial, de hablar de que no todos los autores de un sello con casi sesenta títulos son iguales, ni hablan de lo mismo ni de la misma forma, a echarme en cara -por la cara- que opino que las generaciones literarias o una carrera de literatura son una cagada. En fin.

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No has entendido nada, compañero. Sólo trataba de hacer tu discurso inicial más creíble. Cualquier persona con dos dedos de frente desconecta cuando se ve una crítica absolutista, cuadriculada y generalizada.

Te añado que no es por hacer la gracia. Soy así de gilipollas siempre.

Y no, no te estaba humillando. Por entonces, al menos.

y, por si no ha quedado claro, créeme, sé hacerlo.

Aunque quede mal igualmente.

Un abrazo.

 

Una simple razón para ver 13 reasons why

Recuerdo la cantidad de horas perdidas en clases como alternativa a la religión o vida moral. La cantidad de películas de mierda que nos tragamos (o películas buenas repetidas dos veces cada año), o los deberes que adelantábamos en estas clases.
Somos una generación probeta en el sentido de que nuestros predecesores no vivieron la adolescencia del mismo modo. Nuestros predecesores no oyeron continuamente violencia de género abuso infantil. Y existían, pero estaban silenciados. Terroríficamente normalizados.

Nosotros inventamos el bullying (o le pusimos nombre), nosotros lo perfeccionamos y lo mezclamos con ese internet que iba a salvarnos creando así el ciberacoso. 


Por eso nosotros no tenemos esa excusa.


Nosotros sí lo vemos.


Nosotros sí podemos identificarlo, denunciarlo y llamarlo por su nombre.

Esta es otra parrafada más. Nos tragamos una veintena al día.
Sólo quería decir que, hoy, ahora, desearía haber estudiado para tener la opción de hacer algo más.
Y que deberíais ver 13 Reasons Why.
Y que, si algún día os veis decidiendo qué hacen veinte niños en esas horas muertas, no me pongas otra vez “la vida es bella”.
Hazme pensar.

Ese es el problema, no la excusa.

Vivimos en una sociedad hipócrita. Es un hecho. Ya está. Todos estamos en pie aunque el palo haya sido nefasto y apuntado a la rodilla. Vivimos rodeados de hipocresía, cenamos con hipócritas, salimos de fiesta con ellos, follamos con ellos y nos despertamos con ellos. Probablemente tú seas uno de ellos. Probablemente yo los reconozca tan bien porque los conozco de primera mano. Sí, se podría decir que están por todas partes.

Todos creemos (o queremos que crean que) aportamos nuestro granito de arena en la mejora de este mundo, pero nada podría ser menos acertado. Piensa: ¿Cuántos amigos, conocidos o contemporáneos tenéis que adoran los bares y beben latas de cerveza de un pavo en la puerta del mismo? Ahora, ¿Cuántos de estos se quedarían sin twittear, bloguear o ir a una manifestación por el injusto cierre de uno de ellos? ¿Cuántos adoran la música y no pagan un duro por un concierto? ¿Cuántas críticas por la espalda y abrazos bífidos de frente? ¿Cuántos lectores que no se dejan dinero en libros? ¿Cuántos críticos (de salón) de cine que no sólo no pagan una entrada para el cine, sino que hacen encuestas públicas en Facebook sobre si es mejor Pordede o Hdpelículas para ver la nueva serie de Kevin Spacey en lugar de invertir diez puñeteros euros en Netflix?

En un mundo donde tenemos todo a mano, donde la inmediatez es nuestro milagro y nuestro mayor pecado, en un mundo así, en este:

 

Vosotros sois el puto problema.